viernes, 7 de agosto de 2009

Estructura y redacción del reportaje

Daniel Saavedra (*)

"En el oficio de reportero se puede decir lo que se quiera con dos condiciones: que se haga de forma creíble y que el periodista sepa en su conciencia que lo que escribe es verdad. Quien cede a la tentación y miente, aunque sea sobre el color de los ojos, pierde."
Gabriel García Márquez

Definiciones previas

Los géneros interpretativos combinan la información con la opinión y de ese cóctel surgen las crónicas, los reportajes interpretativos, las entrevistas, etc. El reportaje objetivo cumple en gran parte las mismas funciones que la noticia. Presenta bastantes elementos comunes, sobre todo que el periodista mantiene una perspectiva de distancia en la presentación de los hechos. Es un relato descriptivo que no debe incluir opiniones personales o valoraciones del redactor. Quizá el rasgo característico más evidente en comparación con la noticia es que su extensión generalmente es mayor. El reportaje, por tanto, permite al periodista ofrecer un mayor número de datos complementarios que cuando redacta una noticia en la que debe ceñirse a los elementos esenciales, dada la limitación de espacio con la que trabaja.

También encontrábamos diferencias en lo que se refiere al lenguaje. En el caso de la noticia ya sabemos que se aplican unas normas estrictas y un lenguaje bastante definido (sobre todo en las de agencia). En el reportaje el periodista disfruta de una mayor libertad expresiva siempre limitada por la función de informar. Si escribimos un reportaje, podremos utilizar algunas estructuras sintácticas poco frecuentes en las noticias, o elaborar descripciones más creativas, pero no nos podemos olvidar que nuestra función es ante todo informar con profundidad al lector de unos hechos determinados. Si nuestra creatividad supone una dificultad añadida para que el lector pueda recibir esos datos informativos de un modo claro y directo, nos habremos equivocado en el planteamiento.

El reportaje informativo constaba de dos partes: el lead o entradilla, y el cuerpo del mismo. El lead del reportaje pretende ganar la atención del lector desde la primera frase, a diferencia del lead de la noticia que tiene como función prioritaria condensar la esencia de la noticia. No es necesario que la entradilla del reportaje reúna los datos esenciales de los acontecimientos o hechos que se describen. Pretende atrapar el interés del lector para que continúe la lectura del reportaje. Para ello puede aplicar distintas fórmulas de lead utilizando: la ironía, el contraste o la sorpresa. Cuando lo consideremos oportuno podremos utilizar también el lead informativo característico de la noticia.

En el cuerpo del reportaje el periodista tampoco tiene que ceñirse a la estructura de la pirámide invertida casi obligatoria en las noticias. Además de aplicar esta estructura cuando la estime conveniente, el redactor puede combinar datos esenciales con datos complementarios para mantener el interés del lector y la intensidad del relato. Tengamos siempre en cuenta que en el reportaje no es obligatoria la exposición de los datos en estricto orden decreciente de importancia.

El otro gran tipo de reportaje, y la estrella de hoy, es el reportaje interpretativo que sí presenta unas diferencias muy significativas frente al objetivo. El reportaje interpretativo pertenece a los llamados géneros híbridos o interpretativos, combinando componentes propios de los géneros informativos con otros utilizados en los géneros de opinión.

En el reportaje interpretativo el periodista relata un hecho de actualidad pero introduce también determinados juicios de valor. El periodista se permite abandonar su compromiso de permanecer ausente de la información utilizando elementos subjetivos. El movimiento llamado "Nuevo periodismo", que surgió en EEUU en los años 60, desarrolló este tipo de reportajes rompiendo muchos de los tabúes y normas que regían el periodismo (entraremos más en profundidad en esta escuela periodística cuando tratemos el reportaje novelado y otras maravillas del nuevo periodismo).

Los reportajes interpretativos suelen tener una gran creatividad: la libertad lingüística es total, la estructura del relato es libre. El autor puede llegar a recrearse con su propio estilo literario buscando la originalidad. Todo, o casi todo, le está permitido siempre y cuando interese al lector. En España tenemos grandes autores de este tipo de reportajes; por citar alguno, destacan los de Juan José Millás o Manuel Rivas en las páginas del suplemento dominical de El País.

El reportaje interpretativo

Igual que la noticia tiene su género interpretativo en la crónica, el reportaje también puede experimentar esa transformación. No es lo más usual, puesto que el motivo de un reportaje suele radicar en algún acontecimiento cercano y único, mientras que la crónica -cuyo nombre, como ya vimos, está relacionado con cronos, (tiempo) en griego- suele buscar antecedentes y consecuencias, yendo de adelante hacia atrás y viceversa, aunque se refiera a un hecho ocurrido en el día.

El reportaje interpretativo encuentra su mejor acomodo en las publicaciones semanales, quincenales y mensuales (lo que no quiere decir que se excluya de los diarios, principalmente si disponen de suplementos con esa periodicidad). En ellas parece más lógico que el reportero afronte su trabajo teniendo en cuenta un mayor periodo de tiempo, un “cronos” que, además, le permite escribir con distinta presión de cierre de la que rodea al reportero de un diario. Asimismo, el reportero de un semanario tiene la ventaja de apreciar las consecuencias que tuvo dos días más tarde lo que ocurrió hace exactamente tres, y de incluirlo todo ello en un mismo trabajo. Es decir, puede interpretar lo acontecido un día según la evolución inmediatamente posterior. El reportero de un diario también podría utilizar esa ventaja, pero después de haberse pronunciado ya el día en cuestión.

Para el reportaje interpretativo pueden valer las técnicas de las que hemos hablado en las respectivas entregas sobre el reportaje informativo y sobre la crónica. En resumen, harán falta un hilo conductor y mucho cuidado a la hora de calificar los hechos y las personas.

Vemos a renglón seguido un ejemplo:

“¿Qué ha sido del temible Ejército Rojo, orgullo de la URSS y punta de lanza de una política imperial que sometió bajo su yugo a gran parte de Europa? Las Fuerzas Armadas rusas, nacidas el 7 de mayo de 1992, han recogido su legado, pero antes de tener siquiera tiempo de reorganizarse ya se ven inmersas en la crisis. Una crisis de identidad, moral, política y económica.
El desencanto reina en todos los cuarteles de Rusia. Nada más recuperarse de su enfermedad, Yeltsin, veterano de Chechenia, ha vuelto a ahogarse en vodka. De vez en cuando, arenga a los reclutas para olvidar que tiene los bolsillos vacíos. La paga de estos soldados, que ya se venía retrasando desde 1994, sufrió un parón absoluto tras la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, en julio del año pasado. Como resultado, unos 30.000 oficiales, entre los que se encuentran los mejores especialistas, han presentado la dimisión en pocos meses. Para poder seguir manteniendo a sus familias, gran parte de los suboficiales se dedica a descargar vagones en las estaciones, acarrear piedras en las canteras o se convierten en improvisados guardaespaldas. Sin embargo, cuando te destinan a la otra punta del país, a una zona desolada y lúgubre, te encuentras en un callejón sin salida. ”No me ha quedado más remedio que vivir a costa de mis padres, que al menos reciben una pensión”, confiesa avergonzado un teniente coronel de aviación. Algunos de sus colegas no han dudado en recurrir a las reservas de armamento. Los desertores se lanzan al robo y al atraco a mano armada. Además, una ola de suicidios, señal del desamparo reinante, inunda las filas del Ejército: más de mil suboficiales se quitaron la vida en 1996, es decir, un 26 por ciento más que el año anterior, sin olvidar el número de soldados desconocidos que corrieron la misma suerte. Este fenómeno afecta incluso a los sectores de mayor relieve. A principios de noviembre, Vladímir Nerchai, director del Instituto de Investigaciones sobre Armas Nucleares de Snekinsk, se pegaba un tiro al no poder soportar por más tiempo la angustia de los 3.000 investigadores y técnicos que no disponían de fondos desde el verano. Para completar esta imagen de desolación, varios reclutas han muerto de hambre desde 1993 en Extremo Oriente. En otros lugares, algunos reclutas se mantienen con vida a base de devorar sus raciones de supervivencia. Esta situación acabó con la vida de una tercera parte de los soldados en 1995. Atractivo y de complexión atlética, el capitán Andrei N., que ronda los 30 años, manda desde hace seis un regimiento cuya misión es proteger uno de los almacenes de municiones más grandes de Rusia occidental. Tiene que alimentar a 300 hombres, pero hace meses que no ve un rublo de Moscú. ?Si los militares se rebelan, el gobierno lo lamentará, pero ya será demasiado tarde?. Mientras tanto, la guarnición hace lo que puede para sobrevivir. ?Ayudamos a los campesinos en la recogida de la cosecha y ellos nos venden las coles a mitad de precio?. La mayoría de los oficiales y soldados no poseen más que el uniforme que llevan puesto, un atuendo demasiado ligero para la crudeza invernal. Los cuarteles, por otra parte, son de los años 60, pero ya tienen las huellas de la degradación: paredes renegridas, juntas que se tambalean, iluminación insuficiente, sanitarios desfasados? ?Y ni siquiera tengo con qué pagar el combustible necesario para la calefacción?, continúa diciendo Andrei. ?¿Pero qué pretenden en Moscú? ¿Es que quieren que hagamos saltar el arsenal por los aires? Si es necesario, haremos temblar los cimientos del Kremlin?. El desastre de la campaña chechena ha empañado el prestigio del uniforme, además de dejar una profunda huella en la identidad del ejército. ?La gente nos acusa de haber matado a miles de civiles, pero ¿por qué no acusan en cambio a los que han desatado esta absurda guerra civil??, afirma indignado Guennadi, comandante de una división de tanques?.”

(Cambio 16, 10 de febrero de 1997. Silvana Pasquier / Alla Chevenika).


¿Qué diferencias se dan entre este reportaje interpretativo y una crónica? Sobre todo, el campo temporal. No se trata de algo ocurrido en el día, sino de una serie de hechos acaecidos en distintos momentos, y con un nexo entre ellos, que sirven al autor para establecer una interpretación que los abarca. Igualmente, se añaden opiniones de algunos de los actores principales implicados en lo que se narra, mientras que una crónica puede prescindir de ellos.

El reportaje interpretativo lleva noticias y entrevistas; puede reunir en su desarrollo a todos los géneros periodísticos; constituye el examen de un tema en el que se proporcionan antecedentes, comparaciones, derivaciones y consecuencias de tal manera que el asunto queda trazado con amplitud y en forma cabal.

Pasos del reportaje


Entre las fases que algunos autores (como Ulibarri, Rojas Avendaño, Vivaldi y Riva Palacio) advierten en la realización del reportaje, están:
1)
Elegir el tema, que nace a partir de una idea.
2)
Trazar objetivos y enfoque del trabajo.
3)
Programar y desarrollar la investigación, incluyendo todo tipo de fuentes: hemerográficas, bibliográficas, documentales, personales, etcétera.
4)
Procesar, seleccionar y jerarquizar información: datos básicos y de actualidad, testimonios, ambientes, sobre personas, conceptos, interpretaciones...
5)
Estructurar contenido y escribir el reportaje.
6)
Publicar.

De manera sintética esas seis etapas pueden resumirse en tres pasos: definición temática, investigación y procesamiento, y escritura y publicación.

Elección temática

Respecto de la elección del asunto por desarrollar, distinguiremos dos tipos de reportaje: los que surgen a partir de las noticias del momento, y aquellos que los periodistas emprenden por propia iniciativa. De hecho, podemos considerar tanto al reportaje informativo como al interpretativo como la profundización contextualizada y enriquecida de la noticia. A su vez, los trabajos periodísticos que no nacen de la actualidad deben su existencia a intereses e inquietudes del propio reportero o editor, en ocasiones a partir de providenciales lecturas o pistas de interés halladas al revisar archivos.

En este contexto, de acuerdo con William Blundell, para responder al porqué y cómo de un suceso, resulta pertinente planear el reportaje en función de seis puntos:

1.
Historia: cómo se relaciona el pasado con lo que ocurre hoy.
2.
Alcance: qué tan generalizado y variado es el fenómeno, a quién afecta y de qué manera.
3.
Causas: por qué motivo ocurre hoy ese hecho.
4.
Impacto: cuáles son las consecuencias.
5.
Contracorrientes: qué dicen y hacen fuerzas contrarias.
6.
Futuro: qué podría suceder en ciertos casos y si no se resuelve el problema en cuestión.

Investigación y procesamiento

La investigación periodística, por su parte, requiere de un proceso de planificación. Para introducirse en algún tema, se recomienda acudir primero a la hemeroteca o a bancos de datos o navegar en el ciberespacio, con el propósito de hallar y extraer información de apoyo sobre los antecedentes de un asunto determinado y gracias a la cual podría tener una perspectiva sobre lo que se ha publicado, omitido o soslayado del mismo.

Posteriormente, vale la pena rastrear, revisar, leer y marcar libros, revistas y toda clase de documentos referentes al tema. Y para redondear el trabajo investigativo, resulta imprescindible entablar contacto directo con protagonistas de la información y concertar entrevistas, sondeos, indagaciones, y rescatar puntos de vista e interpretaciones tanto de ellos como de testigos, contrapartes, expertos, representantes, y con toda persona que pueda facilitar más informes, opiniones o testimonios de interés. Raymundo Riva Palacio asegura que las pesquisas han de concluir cuando el periodista sepa más sobre el tema que sus interlocutores.

Una vez reunido todo ese caudal informativo, el reportero debe establecer criterios para su jerarquización y procesamiento de acuerdo con el enfoque y los objetivos previamente marcados.

Redacción y estructuras


Al respecto, Gabriel García Márquez resalta con acierto: “El reportaje es como una salchicha: debes saber dónde empieza y dónde acaba. Porque si no, lo vas llenando de datos y nunca terminas”.

Y en efecto: es conveniente trazar un esquema previo antes de emprender la redacción, a fin de no perderse en el cúmulo de datos, establecer las etapas más importantes, y darle unidad y coherencia al relato. Tal esquema o estructura de contenido incluye:

a)
Entrada,
b)
introducción o contexto del asunto,
c)
desarrollo y
d)
conclusión o remate.

Entradas.
Las mejores entradas son como los umbrales de las galerías comerciales: misteriosas. Dejan al transeúnte -en este caso al lector- en suspenso y con la curiosidad de conocer qué hay dentro; en suma, lo dejan con una pregunta sin respuesta en la mente. El propósito es llevar al lector a leer el siguiente párrafo y muchas veces, si se tiene éxito, a todos los demás párrafos.

García Márquez prefiere la entrada anecdótica: “Piensa en la anécdota que más te impresionó y escríbela. Siempre es difícil, pero siempre sale”.

Aquí podéis ver una completa tipología de las entradas periodísticas:
a)
Noticiosa, sintética o de panorama: resumen del asunto o visión panorámica de lo que se va a tratar.
b)
Descriptiva: pinta escenarios donde se desarrollará el reportaje.
c)
Histórica o narrativa: empieza relatando un suceso en plan secuencial.
d)
Contrastada: ofrece elementos de comparación o contraste en torno al tema.
e)
Analógica: presenta comparación o contraste, pero a manera de metáforas.
f)
De definición: define los principales elementos del trabajo periodístico.
g)
De juicio: plantea juicios o críticas u opiniones del reportero sobre el asunto por abordar.
h)
De detalle: resalta un pequeño pormenor (escena, frase, anécdota, diálogo, etcétera) para enganchar al lector.
i)
Coloquial: con una pregunta u otro tipo de expresión que busca involucrar al lector, sugiere un diálogo con el mismo.
j)
De cita: refiere una declaración central como hilo conductor del reportaje.

Introducción y contexto. Si el arranque o entrada debe atrapar la curiosidad del público, el párrafo o párrafos de introducción o contexto precisan ubicarlo brevemente respecto de las coordenadas polémicas, noticiosas o de interés social que el asunto por tratar engloba. Planteado esto, se abre paso al desarrollo del reportaje en cuyo curso ha de ofrecerse la información recabada, que puede reforzarse con opiniones, testimonios y descripciones. Aquí también se presentan mayores antecedentes, detalles y posturas, procurando manejar una prosa más libre en cuanto al estilo.

Desarrollo.
Existen varias estructuras para organizar el desarrollo del reportaje:

a)
Por bloques temáticos: breves asuntos específicos que se van concatenando a lo largo del texto.
b)
Cronológica: en el orden que ocurrieron los hechos; muy similar a la crónica.
c)
Dialéctica: utiliza más puntos de vista que información y sobre ciertos puntos se van tejiendo contrastes, similitudes, diferencias...
d)
En orden a la investigación: se refieren las aristas informativas de acuerdo a como se han encontrado.
e)
Enigmática: busca crear suspenso narrativo y en función de ello se organiza y presenta la información.
f)
Por elementos de investigación: sea por personas, documentos o lugares.
g)
Por fuentes: conforme a la calidad noticiosa o relevancia de los informantes o documentos.
h)
Por escenas: narra y describe acontecimientos, personas o lugares para fundamentar el problema en cuestión.
i)
Coloquial: libertad en su presentación y sin orden definido; las circunstancias imponen la secuencia del relato; muy usada por escritores.

Es importante señalar que en torno a tales estructuras no existen linderos inamovibles. Por tanto, el reportero, si así lo considera conveniente para los fines de su trabajo y lo hace dándole una coherencia interna, puede tomar lo mejor de alguna o algunas de las estructuras arriba expuestas.

En el cuerpo o desarrollo, entonces, el periodista sustenta el enfoque ideado desde el principio, en función del cual va enlazando los elementos informativos, analíticos, opinativos y de interpretación para dar cuenta cabal del asunto tratado y luego concluir con un broche de oro conocido como remate o cierre.

Subtítulos.
Éstos son altos en el camino del texto que sirven para:

1.
Ordenar: agrupando tramos de un texto extenso referidos a un mismo aspecto. Esto también se refiere al ordenamiento mental del lector.

2. Dar un descanso: para el lector resulta visualmente agotador encontrarse con grandes sábanas de texto. Por diagramación, por carácter, por atractivo, el subtítulo resulta ser una especie de descanso visual que además, reimprime una nueva fuerza al interés del lector.

3.
Establecer "minicapítulos" al interior del reportaje.

El subtítulo debe ser tan creativo como el título. En lo posible hay que evitar convertirlo en un resumen de lo que viene a continuación. Además, en la mayoría de los casos no acepta más de tres palabras como máximo. Muchas veces puede ser un par de palabras sacadas del texto que lo precede, o una o tres palabras que llamen especialmente la atención y que de un modo indirecto o directo se relacionen con lo que sigue. Lo ideal es ir subtitulando a medida que se escribe el texto, para ir ordenando el reportaje (o para ir ordenando nuestra mente).

Puede ocurrir que al terminar el texto, una vez que lo revisemos, descubramos que uno o más subtítulos deben ser suprimidos o, también, que notemos que falta un subtítulo en una zona del cuerpo de texto. Las divisiones que otorgan los subtítulos sólo serán funcionales y correctas en la medida en que las partes que lo constituyen se mantengan ligadas, aun cuando se opongan o contrasten. Además, hay que cuidar que el texto que secunda al subtítulo no responda a un tema distinto del principal del reportaje.

Remates.
El remate viene a ser como el tiro de gracia para un condenado o la única y gran cereza del pastel: puede subrayar, sintetizar, sugerir, redondear, proyectar... Lo importante del cierre consiste en que significa la despedida del lector y por ello necesita ser breve, significativo y memorable.

Algunos tipos de remate son los siguientes:

a)
De retorno: cierra con el elemento informativo referido en la entrada.
b)
De conclusión: sintetiza conclusiones lógicas.
c)
De sugerencia o llamamiento: se aconseja o se sugiere.
d)
De detalle: pequeño elemento "puede ser una anécdota" que resume el contenido del reportaje.
e)
Rotundo: frase u oración enfática que refleja el sentido de la investigación.

El reportaje, en suma, constituye el género periodístico con mayor exigencia investigativa; que ofrece total libertad para desarrollar un estilo literario; y gracias al cual se conocen a los verdaderos escritores del periodismo.

Rompiendo la estructura


Un texto debe tener vida. La vida es movimiento, se constituye por altos y bajos, por tensiones y distensiones. Un texto también. Un reportaje debe tener este desarrollo móvil; debe mostrar que en él hay vida, nervios, jugos, fluidos, amores, odios y pasiones. Un reportaje debe tener un inicio, un desarrollo, un clímax y un cierre, no importa cuál sea su orden. Se puede comenzar por el cierre, seguir por el inicio, continuar con el desarrollo y acabar con el clímax. Se puede jugar, la curva dramática la dibuja y la define el periodista. Este es el momento para jugar con el "flash-back" y el "racco".

Como autores debemos saber lo que irá ocurriendo en el texto, pero jamás debemos anticipárselo al lector... ya saben, no queremos que nuestro trabajo termine como envoltura de pescado. Cualquier anticipación que hagamos evitará que el lector se asombre o emocione con lo que viene; se romperá la magia y el juego de seducción.

Después de enunciar algo general, podemos pasar a un detalle. Pero ir de un detalle hacia lo generales infinitamente más difícil y requiere que la particularidad sea realmente determinante en la generalidad.

Cuando hablamos demás aburrimos. Nos arriesgamos a que el lector nos abandone. "Cuál es el límite" Sólo debemos explicarle al lector aquello que realmente amerite explicación. Hay que saber diferenciar lo accesorio de lo principal; escribir más de algo no siempre agrega información.

Utilizar recursos literarios como la metáfora y la comparación enriquecerá el texto siempre y cuando el recurso sea acertado y creativo. Por ejemplo, decir que "esta mujer tiene un cabello dorado como el trigo maduro en una tarde de estío" es jugar con la metáfora y la comparación de un modo demasiado poco creativo, pues este tipo de metáforas y comparaciones fueron muy utilizadas por los románticos. Pero decir que "su pelo amarillo natural se enrosca como el humo de un puro expuesto a una leve corriente de aire" es creativo, atrae y mueve.

La imagen es otro recurso literario que podemos usar para crear efectos de alto interés para nuestros lectores. La imagen es más potente que la metáfora y la comparación, pues recrea un hecho verdaderamente ocurrido en el pasado, reinyectándole fuerza viva. Cómo se accede a la imagen: mediante la reconstrucción de escenas y diálogos. Así de simple. Eso sí, es reconstrucción, recreación, no creación ni construcción; es verdad, no creación imaginaria. Aquí generalmente se utiliza el presente como tiempo verbal, pues es más directo y provoca más choque y emoción.

Y ya que hemos tocado, aunque tangencialmente, el tema de los tiempos verbales, hay que recordar que cada vez que escribimos, debemos mantener la continuidad verbal en nuestro texto. Ojo, esto no es nada fácil. Por lo mismo, no basta con intentar lograrlo mientras vamos escribiendo, debemos poner especial atención en esto en el momento de la corrección y edición.

Cada vez que escribimos debemos tener en cuenta las expectativas y aspiraciones del lector. Es bueno detenerse cada cierto punto para pensar en las dudas que le podrían surgir al lector a través de la lectura. Si descubrimos que no hemos dado respuesta a alguna de estas dudas, volvamos atrás y busquemos la forma de hacerlo. Recordemos que escribimos para otros y esos otros no saben todo lo que nosotros sabemos respecto del tema que hemos investigado.

Finalmente, una vez concluida la redacción total del reportaje debemos revisarlo, corregir las faltas de ortografía, redacción y contenido. Eliminar todos los ripios, todo lo que sobra y redunda. Cerciorarnos de que todos los párrafos están perfectamente encadenados, que las oraciones y párrafos tienen sentido, que se entienden por sí solas y en el contexto. Debemos EDITAR. Tras la primera edición es aconsejable que sometamos el texto a la revisión de alguien que sabe más que nosotros (para que nos corrija críticamente) o que no conoce nada sobre el tema (para ver si entendió lo que expusimos y si entendió exactamente lo que nosotros le queríamos comunicar).

El paso siguiente es la impresión y de eso se encargarán las rotativas o los servidores de Internet.

(*) Daniel Saavedra
El Reportaje interpretativo
Escuela de Escritores: Cursos de redacción y creación literaria Derechos Reservados.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ayudaste mucho. Gracias

Anónimo dijo...

Digo lo mismo, un placer introducirse así en el mundo de la escritura. Gracias! C

Magdalena Vives Riesco dijo...

Buenísimo. La verdad es que me ayudaste mucho!

Anónimo dijo...

buena informacion,, asi aprendemos mucho mas..

Andreita dijo...

super buena información y muy veraz ppor cierto

Anónimo dijo...

Tu blog es una Cagada bro nada resumido no me ayudo ni mierda, me chupas un huevo

Anónimo dijo...

Tu blog es una Cagada bro nada resumido no me ayudo ni mierda, me chupas un huevo